febrero 25, 2024

Los peligros de Mercado Libre

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Si consideramos su valor bursátil, Mercado Libre es en este momento la empresa más importante de Argentina. Opera como plataforma de comercio electrónico en 18 países de la región y su crecimiento de facturación en dólares es exponencial: en 2019 creció un 59 por ciento con respecto al año anterior; en 2020, año de la pandemia, se expandió un 73 por ciento; en 2021 un 77 por ciento y otro 61 por ciento hasta el tercer trimestre de 2022 . 

Su valor superó a la que fue históricamente la empresa nacional más cara, la petrolera YPF, y también al conglomerado privado industrial de Techint, ligado a la industria acero. Es decir, rubros insignias del capitalismo del siglo XX, como petróleo y acero, están siendo opacados por una empresa que opera en internet y que funciona a través de algoritmos, datos y plataformas digitales. El viejo mundo de las fábricas y chimeneas parece estar dando vida a otro llamado “capitalismo de plataformas”. No es casualidad que las grandes corporaciones ligadas a la tecnología como Google, Amazon, Facebook o Twitter sean las que más facturan en el mundo actual, y sus dueños sean quienes encabezan los rankings mundiales de millonarios como Jeff Bezos, Bill Gates o Elon Musk. 

Las grandes plataformas como eBay, Amazon o Mercado Libre avanzan y dominan espacios, generan su propio ecosistema y medios de pago concentrando mercados y, en gran medida, apropiándose de valores ajenos. Las grandes empresas del capitalismo de plataformas, en verdad, prosperan gracias a un esquema de extractivismo de datos, de evasión de impuestos, concentración de mercados, aplicación de algoritmos interesados, desterritorialización del capital y precarización laboral.

Se presentan como economías «colaborativas» cuando nada tienen de colaboración: no apelan a la gestión democrática, no quieren que se fiscalicen sus actividades, se desentienden de los impactos sociales y territoriales que producen, no apelan a la distribución equitativa de la riqueza que generan ni trabajan con protocolos de datos abiertos, programas comunes o gestiones inclusivas. En los hechos, terminan por mostrar los rasgos más abusivos y predatorios del capitalismo tradicional.

Liberalismo estado-dependiente

El fundador y CEO de Mercado Libre, Marcos Galperin, tiene una predica liberal y anti-estatista permanente. Sin embargo, su discurso no se condice con los beneficios que su empresa recibe del Estado: se ve beneficiado por la Ley de Software y la Ley de Conocimiento que, entre otras prerrogativas, le permiten a la firma reducir el 70 por ciento del pago de las contribuciones patronales, el 60 por ciento en el pago de impuesto a las ganancias y estabilidad fiscal, y la exime de pagar nuevos impuestos o cargas de las distintas jurisdicciones.

Durante el macrismo logró beneficios especiales, entre los que se destacan los préstamos multimillonarios del Banco Nación cuando Mauricio Macri era presidente y la ratificación del convenio colectivo laboral para someter a sus empleados a un régimen de trabajo ultra precarizado apenas diez días antes de que terminara el gobierno de Cambiemos.

Dicho convenio no sólo alejó a los trabajadores de Mercado Libre de la posibilidad tener un gremio fuerte que los respaldara, como los camioneros de Hugo Moyano o los bancarios de Sergio Palazzo (ambos sindicatos con excelentes paritarias y salarios), sino que fue la puesta en práctica de la flexibilización laboral que el macrismo pregonaba: le permite a la patronal expandir la jornada si así lo desea, otorgar vacaciones arbitrariamente, fraccionarlas o interrumpir los descansos de los fines de semana. También creó un banco de horas, impone los turnos rotativos, destruye el sistema de categorías en reemplazo de la polifuncionalidad del trabajador, facilita las suspensiones, obstaculiza las huelgas y la representación sindical. Neoliberalismo en estado puro.

La empresa cuenta además con beneficios indirectos del entorno argentino. La creación de valor se hace 100 por ciento en el país, que gracias a sus políticas públicas ofrece profesionales de altísimo nivel formados en las Universidades Públicas con salarios latinoamericanos, lo que le permite a la empresa ser competitiva a nivel internacional y dominar el comercio electrónico en la región. Contratar una calidad de personal similar, por ejemplo, en Alemania o Noruega, o tener sus oficinas allí, le costaría varias veces más caro.

Justificar la empresa

MercadoLibre busca justificar su existencia a través de dos lemas. El primero es  “democratizar el comercio”, un objetivo fuertemente contradictorio con su operatoria. Por empezar, porque les cobra dinero a los vendedores para que sus productos estén ubicados en los mejores lugares de las búsquedas. Por lo tanto, el tipo de comercialización que se propone no apuesta a la horizontalidad, la calidad de los productos o la competencia de oferentes, sino a favorecer a los que más dinero pueden pagar para figurar y que suelen ser los actores más concentrados.

Pero además, en su propia página de inicio se observan debilidades en relación a la «democratización del comercio». No es posible la comparación entre productos similares, el sistema de calificación entre usuarios es poco preciso, no se otorgan ni venden garantías por los productos, no se habilita la comercialización de productos digitales (algo que sí permite Amazon, por ejemplo con los libros), su marca no está asociada a la innovación u otros aspectos similares. A más de 20 años de existencia, los pasos hacia la democratización del comercio están muy lejos de ser una prioridad de la empresa.

A su vez, su estilo de comercialización está generando una concentración geográfica que afecta fuertemente a las economías provinciales. Es que, al tener mercados reducidos, encuentran muchas dificultades para competir con mayoristas ubicados en Buenos Aires y zonas metropolitanas. En muchos casos, esos mayoristas cuentan con ventajas en logística y ofrecen bajos costos por traslados, con precios menores que hacen que los usuarios no compren en su negocios locales, y destruyen la cadena de valor provincial.

El otro lema es “democratizar las finanzas”, objetivo que no cumplen. Bajo el supuesto ideal humanista, realizan prácticas de acumulación abusivas basadas en la vulnerabilidad de los grupos que no pueden acceder al sistema formal. Es que el sistema apunta a la mitad de la población en Argentina que no se encuentra bancarizada, que son los grupos más vulnerables y precarios. Como no pueden acceder a los circuitos oficiales, se endeudan en empresas financieras que tienen prácticas abusivas. Al ser mayor el riesgo de prestarles a estos grupos, los intereses y comisiones son mucho mayores, llegando a cobrar tasas cercanas al 350 por ciento anual.

También se puede ver esta contradicción en las comisiones que se cobran por vender en cuotas, por retirar dinero en efectivo, dar préstamos u otras funciones financieras similares. Es así que MercadoPago se consolidó como un canal financiero central al que incluso debieron unirse todos los bancos (que son actores económicos primordiales), para lanzar su billetera virtual, Modo, y competirle sin perder mercado frente la empresa de Galperin. 

Prevenir o curar

Sin duda Mercado Libre no solo es un gigante hoy: su tamaño e importancia serán todavía mayores en el futuro. Si hoy controla gran parte del comercio minorista y mayorista del país y de la región, el sistema de pagos, el financiero, también se está adueñando del mercado inmobiliario y del automotor, el pago de impuestos, servicios, planes sociales, jubilaciones, e incluso busca que se utilice su billetera electrónica para el pago de sueldos y también está incursionando en la comercialización de marcas propias como en la línea textil llamada de blancos –toallas, sábanas, acolchados, etc.–, la venta de seguros, comestibles y pasajes. No es difícil preguntarse si no estamos frente a la emergencia de un pulpo cada vez más grande, que dentro de poco será imposible de controlar. 

Y los peligros no son pocos. Puede condicionar el comercio, forzar marcos laborales precarizados, debilitar las políticas públicas, generar concentración económica, consumidores débiles, perjudicar las economías regionales y aumentar las desigualdades sociales, consolidando un tipo de economía más injusta, regresiva y precaria. Porque, además, Mercado Libre no puede seguir siendo pensada solo como una empresa individual, ya que muchos de los temas que la atraviesan, ya sea por su volumen o importancia, requieren debates públicos: es la insignia mayor del capitalismo de plataformas en el país y la región y, por eso mismo, el centro ilustrativo de las disputas actuales y que van a consolidarse en el futuro. Mientras más tardemos en estudiar estos fenómenos, más tardaremos en reflexionar y actuar sobre ellos.

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