marzo 3, 2024

Cristina conducción

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“El príncipe moderno, el mito-príncipe, no puede ser una persona real, un individuo concreto; sólo puede ser un organismo, un elemento de sociedad complejo, en el cual comience a concretarse una voluntad colectiva reconocida y afirmada parcialmente en la acción.» Antonio Gramsci

La centralidad que tiene Cristina Kirchner y las expectativas que genera en términos electorales y políticos nadie las discute. Los días previos a su conferencia en La Plata, distintos sectores de la política, los medios y los militantes dedicaban extensas jornadas al debate pretendiendo adivinar o deducir qué iría a decir allí la vicepresidenta. Eso sucede también los días –como éstos– posteriores a sus apariciones públicas: se exprime cada gesto, se descifran sus frases, si dijo o no dijo. 

En el escenario del Teatro Argentino de La Plata, el último jueves, la Vicepresidenta habló como conductora del Frente de Todxs. El indiscutible lugar de conducción no se somete al voto ni se tacha con el poder de una lapicera, sino que es establecido desde otra lógica. La conducción no se elige ni calcula, sino que surge desde la voluntad popular, es un efecto hegemónico que emerge dadas una serie de articulaciones, razones y afectos. Cristina es el nombre que encarna y ocupa ese lugar. 

Cristina últimamente apunta en su comunicación política a la función explicativa, denomina “clases magistrales” a sus exposiciones y hace pedagogía. 

El mensaje de CFK
El jueves pasado en la clase de La Plata habló de economía y eligió confrontar no con personas, sino con los monopolios que concentran el 74% de lo que consumimos, los evasores y los medios de comunicación corporativos, que naturalizan que el sistema debe salvar a los bancos, pero se escandalizan si el Estado invierte en ayuda social. 
Cristina trató de llegar a empresarios y jóvenes que fueron seducidos por el candidato supuestamente rebelde y antisistema, Javier Milei. El libertario, en un preocupante ascenso en las encuestas, es producto del enojo de gran parte de la sociedad. 

Se trata de una legítima insatisfacción generalizada que conduce al voto bronca antipolítico, dado que ni las recetas del neoliberalismo macrista ni la orientación del gobierno de Alberto luego de la pandemia estuvieron a la altura de escuchar el sufrimiento social de las mayorías. Cristina explicó que la dolarización que propone “el señor de ojitos claros” es la continuación de la convertibilidad fracasada que propuso aquel otro economista –también de ojitos claros– que condujo a la crisis del 2001. Lo que fracasó en el pasado vuelve circularmente al presente, afirmó la vicepresidenta.

Cristina en ningún momento dio nombres porque el mensaje que quiso transmitir es que se trata de modelos y no de personas. 

Aún no se sabe si será candidata o no, pero de modo indiscutible Cristina es la lideresa del campo popular y desde ese lugar marcó el próximo horizonte, la ruta nacional y popular de este período y el tono de la inmediata campaña del Frente de Todxs.

La discusión electoral
Hoy se trata nuevamente, como en el 2015, de plantear que “el candidato es el proyecto”. Claro que hay que volver a discutir el proyecto, construir programas de gobierno y hacer que no dependan de una persona. Por eso es imprescindible –planteó Cristina– el debate interno y un programa que revise el acuerdo con el FMI, la distribución económica, el problema del cambio climático y la defensa de la soberanía. No alcanza con tener litio y Vaca Muerta, afirmó, sino que lo central es quién conduce los procesos de producción, si los mercados o el Estado. Es preciso definir y tocar intereses dado que conformar a todos es imposible.

También es necesaria la unidad del campo popular. Sin embargo, tal como planteó Artemio López en este portal, la concepción de la unidad va variando según el contexto.

Por ejemplo, Néstor Kirchner construyó un nuevo tipo de unidad histórica en el año 2003 mediante la llamada “transversalidad” y puso a Cobos como vicepresidente. Ese modelo estalló por los aires en el año 2009, luego de la crisis de la 125, optándose entonces por un repliegue sobre el PJ, ese tipo de unidad es la que domina nuestros días, “unidad hasta que duela”. Entre 2019 y 2023, frente a un capital cada vez más concentrado, un Estado fragmentado y un gobierno dividido por internas, hay que concluir que faltó la política. Se puede afirmar que la clase de unidad desplegada para ganar las elecciones del año 2019, de carácter superestructural y basada en personas, ha concluido su etapa histórica. El Frente de Todxs ha dado resultados mediocres respecto al contrato electoral suscripto en el año 2019. Persistir en esa modalidad sería también otra circularidad del fracaso, en este caso del campo popular y promovida por los propios agentes involucrados.

Desde esta perspectiva, es evidente que el tipo de unidad social y política que planteó Cristina Kirchner para los años 2019-2023 comienza a mutar, se trata hoy de una unidad programática, de ideas, de modelos y no de personas. Todo esto requiere de un coraje demostrado exclusivamente por Cristina, esta exclusividad implica un serio problema para el campo popular.

¿Será candidata? 
“No soy como los halcones o las palomas que andan solas, soy pingüina, o sea, un ave que camina colectivamente”. Dicho en otros términos, candidata o no, la defensa de la patria contra el avance de la derecha no será obra de una persona porque, como expresó la lideresa, no hay salvaciones milagrosas ni individuales. 

Cristina llamó a realizar un programa y convocó a los militantes a volver a las calles.

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